1. El Imperativo Macroeconómico: La Política de Innovación en el Contexto Latinoamericano

La historia económica de América Latina en el siglo XXI se ha caracterizado por una persistente dualidad estructural: períodos de crecimiento robusto impulsados por superciclos de productos básicos, seguidos de estancamiento a medida que se deterioran los términos de intercambio externos. Esta volatilidad expone una debilidad fundamental en el tejido productivo de la región: una dependencia de la extracción de recursos naturales y la exportación de bienes de bajo valor agregado. Los economistas se refieren al estancamiento resultante como la “trampa del ingreso medio”, una meseta de desarrollo donde los países pierden su ventaja comparativa en industrias intensivas en mano de obra debido al aumento de los salarios, pero carecen de la sofisticación tecnológica para competir con las economías avanzadas en sectores de alto valor e intensivos en conocimiento.

La política de innovación, específicamente el tratamiento fiscal de la Investigación y el Desarrollo (I+D), ha surgido como el instrumento principal para los gobiernos que buscan cerrar esta brecha. La literatura teórica postula que las empresas privadas subinvertirán sistemáticamente en I+D porque no pueden apropiarse completamente de los retornos sociales de su innovación: los derrames de conocimiento benefician a los competidores y a la economía en general, creando una externalidad positiva que el mercado no logra valorar. Los incentivos fiscales están diseñados para corregir esta falla del mercado al reducir el costo privado para el usuario del capital de I+D, alineando así los incentivos privados con el óptimo social.

Chile ocupa una posición única dentro de este panorama. Como la primera nación sudamericana en unirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile ha establecido una reputación de estabilidad institucional y disciplina fiscal. Sin embargo, su economía sigue fuertemente inclinada hacia la minería (específicamente cobre y litio) y el sector agroindustrial. La transición a una economía basada en el conocimiento no es meramente una aspiración para Chile; es un requisito previo para la prosperidad a largo plazo y la resiliencia contra los choques de precios de las materias primas. A pesar de mantener un marco normativo sofisticado, la inversión de Chile en I+D se sitúa en aproximadamente el 0.41% del PIB, un máximo histórico para la nación, pero significativamente por debajo del promedio de la OCDE del 2.7% y el objetivo nacional del 1%. Este informe proporciona un análisis exhaustivo de la arquitectura de incentivos fiscales a la I+D de Chile, comparando sus mecanismos con pares regionales (Brasil, Colombia, México y Argentina) para evaluar su eficacia y delinear cómo los incentivos optimizados funcionan como un catalizador para la prosperidad.

1.1 La Base Teórica para la Intervención Fiscal

La justificación para la intervención estatal en los mercados de I+D se basa en el concepto de “adicionalidad”. Los incentivos fiscales buscan generar adicionalidad de insumos (induciendo a las empresas a gastar más en I+D de lo que harían de otra manera) y adicionalidad conductual (alentando a las empresas a sistematizar los procesos de innovación, contratar capital humano avanzado y colaborar con instituciones de investigación). En el contexto latinoamericano, donde los mercados financieros para empresas de alto riesgo a menudo están subdesarrollados, los incentivos fiscales también cumplen una función de liquidez, financiando indirectamente actividades que los bancos tradicionales son reacios a financiar debido a la naturaleza intangible de la garantía.

Para Chile, el desafío es agudo. El sector manufacturero, tradicionalmente el motor de la I+D en las economías desarrolladas, es relativamente pequeño. Por lo tanto, la innovación debe permear los sectores de recursos naturales (minería, acuicultura, silvicultura) y el sector de servicios en auge. El diseño del instrumento fiscal —si recompensa la innovación incremental o los avances radicales, si favorece a las grandes empresas establecidas o a las startups ágiles— determina la trayectoria de esta transformación estructural.


2. La Arquitectura de Incentivos de I+D Chilena: Estabilidad y Estructura

La piedra angular del sistema de apoyo a la innovación privada de Chile es la Ley N° 20.241, promulgada originalmente en 2008 y fortalecida significativamente por la Ley N° 20.570 en 2012. Este marco legislativo establece un incentivo fiscal para la inversión privada en investigación y desarrollo, diseñado para reducir la carga fiscal efectiva de las empresas que llevan a cabo actividades de investigación certificadas. Un desarrollo reciente crítico ha sido la extensión de esta ley hasta diciembre de 2035, una medida que proporciona un horizonte de diez años de certeza jurídica, un activo poco común en una región frecuentemente caracterizada por la volatilidad política.

2.1 El Mecanismo Híbrido: Crédito e Deducción

El incentivo chileno está estructurado como un mecanismo híbrido que combina un Crédito Fiscal con una Deducción Fiscal. Este diseño de doble beneficio es robusto matemáticamente, ofreciendo una de las tasas de subsidio teórico más altas en la OCDE y América Latina para empresas con fines de lucro.

El mecanismo opera para empresas sujetas al Impuesto de Primera Categoría (Impuesto sobre la Renta de Sociedades – CIT) que declaran renta efectiva basada en registros contables completos. El cálculo es doble:

  1. Crédito Fiscal (35%): Las empresas pueden aplicar un crédito fiscal equivalente al 35% de los gastos calificados de I+D directamente contra su obligación tributaria de Impuesto de Primera Categoría. Esta es una reducción dólar por dólar del impuesto a pagar.
  2. Deducción Fiscal (65%): El 65% restante del gasto de I+D se puede deducir como un gasto necesario para producir ingresos, reduciendo así la base imponible antes del cálculo del impuesto.

Esta estructura crea un beneficio compuesto. Para ilustrar el impacto financiero, considere una gran empresa sujeta a una tasa de Impuesto sobre la Renta de Sociedades del 27% bajo el régimen semi-integrado. Si esta empresa invierte USD 1,000,000 en un proyecto de I+D certificado, la aritmética fiscal es la siguiente:

  • Crédito Fiscal Directo: USD 350,000 (35% de la inversión).
  • Beneficio de la Deducción: Los USD 650,000 restantes se deducen de la renta imponible. Con una tasa impositiva del 27%, esta deducción reduce la factura fiscal en USD 175,500 adicionales.
  • Alivio Fiscal Total: USD 350,000 + USD 175,500 = USD 525,500.
  • Tasa de Subsidio Efectivo: 52.55%.

Esto implica que el Estado chileno cofinancia efectivamente más de la mitad del esfuerzo privado de I+D para las empresas con fines de lucro. La existencia de un subsidio tan generoso subraya el reconocimiento estatal de las externalidades positivas generadas por la innovación. Además, el límite anual para el crédito fiscal se establece en 15,000 UTM (Unidades Tributarias Mensuales), lo que se traduce en aproximadamente USD 1.2 millones por año por contribuyente. Es importante destacar que se eliminaron las limitaciones anteriores que topaban el beneficio en función de un porcentaje de las ventas brutas, una reforma destinada específicamente a fomentar la I+D en empresas con alta intensidad de investigación pero menores ingresos actuales, como las startups tecnológicas en expansión.

2.2 Alcance de las Actividades y Gastos Elegibles

La definición de actividades elegibles en Chile se adhiere estrictamente al Manual de Frascati, el estándar internacional para recopilar e informar datos sobre investigación y desarrollo experimental. Esta alineación asegura que el incentivo apunte a la innovación genuina en lugar de mejoras empresariales rutinarias. Las actividades elegibles se clasifican en:

  • Investigación Básica: Trabajo experimental o teórico emprendido principalmente para adquirir nuevos conocimientos de los fundamentos subyacentes de fenómenos y hechos observables, sin ninguna aplicación o uso particular a la vista.
  • Investigación Aplicada: Investigación original emprendida para adquirir nuevos conocimientos, dirigida principalmente hacia un objetivo o meta específica y práctica.
  • Desarrollo Experimental: Trabajo sistemático, basado en el conocimiento adquirido a partir de la investigación y la experiencia práctica, que se dirige a producir nuevos materiales, productos y dispositivos; a instalar nuevos procesos, sistemas y servicios; o a mejorar sustancialmente los ya producidos o instalados.

Históricamente, la Ley 20.241 favorecía la I+D “extramural”, requiriendo que las empresas contrataran centros de investigación o universidades certificados. Este diseño pretendía fomentar los vínculos entre la industria y la academia, pero desincentivó involuntariamente la creación de capacidades internas de I+D. Reconociendo esta limitación, la Ley 20.570 amplió la elegibilidad a la I+D “intramural”, permitiendo a las empresas reclamar gastos por departamentos de investigación internos, siempre que posean los recursos técnicos y materiales necesarios.

El alcance de los gastos elegibles es exhaustivo, cubriendo tanto los gastos corrientes como los de capital. Esto incluye sueldos y salarios de investigadores y personal técnico, materiales y consumibles, y la depreciación de maquinaria y equipo utilizados para actividades de I+D. Además, ajustes recientes han permitido la inclusión de gastos relacionados con la protección de la propiedad intelectual (patentes, variedades vegetales) y, crucialmente, actividades de I+D realizadas en el extranjero, siempre que no superen el 50% del presupuesto total del proyecto. Este componente internacional reconoce que las capacidades especializadas de prueba o prototipado pueden no existir aún a nivel nacional, permitiendo a las empresas chilenas acceder a los mejores servicios de su clase a nivel mundial sin perder el incentivo.

2.3 Gobernanza Administrativa: El Rol de CORFO

El acceso al incentivo fiscal está regulado por un proceso de certificación administrado por CORFO (Corporación de Fomento de la Producción), la agencia chilena de desarrollo económico. A diferencia de las jurisdicciones que operan sobre una base puramente declaratoria (presentar ahora, auditar después), Chile requiere una certificación ex-ante o cuasi-ex-ante del mérito técnico y la estructura presupuestaria del proyecto.

El proceso implica la presentación de un perfil detallado del proyecto, que describe las incertidumbres técnicas, la metodología de resolución y las calificaciones del personal involucrado. CORFO evalúa estos aspectos técnicos para garantizar que cumplan con la definición de I+D de Frascati. Una vez certificado, la empresa puede utilizar el crédito fiscal. Si bien este modelo de “guardián” garantiza un alto cumplimiento y reduce el riesgo de evasión fiscal (reclamar ingeniería rutinaria como I+D), introduce una fricción administrativa significativa. La percepción de complejidad y el temor de que solicitar el beneficio pueda desencadenar auditorías más amplias por parte del Servicio de Impuestos Internos (SII) actúan como disuasivos, particularmente para las empresas más pequeñas sin asesoramiento fiscal especializado.

2.4 La Paradoja de la Utilización

A pesar de la alta generosidad teórica del incentivo, las tasas de utilización en Chile siguen siendo paradójicamente bajas. Los datos indican que de las aproximadamente 3,000 empresas en Chile que realizan I+D, solo alrededor del 8.5% utiliza realmente el incentivo fiscal de la Ley 20.241. Funcionarios de CORFO han destacado esta “paradoja de la innovación”, señalando que casi USD 250 millones en posibles beneficios fiscales quedan sin reclamar anualmente.

Esta subutilización no es meramente una falla de marketing; refleja barreras estructurales dentro del diseño de la política. La limitación principal es el requisito de tener obligación tributaria. El beneficio es un crédito no reembolsable. Si una empresa se encuentra en una posición de pérdida fiscal —un estado común para las startups que invierten fuertemente en crecimiento o para las empresas mineras durante los ciclos de caída de las materias primas— el crédito no proporciona liquidez inmediata. Si bien la porción de la deducción aumenta el arrastre de pérdidas fiscales, la porción del crédito no se puede reembolsar como efectivo ni arrastrar indefinidamente de la misma manera que las pérdidas operacionales en algunas otras jurisdicciones. Esta naturaleza procíclica significa que el incentivo es menos efectivo cuando las empresas más necesitan apoyo para mantener los presupuestos de I+D.


3. Comparación Regional: Brasil y la Escala Industrial

Brasil, como la economía más grande de América Latina, ofrece un modelo contrastante de apoyo a la innovación, caracterizado por la escala y un enfoque en la competitividad industrial a través de su “Lei do Bem” (Ley del Bien).

3.1 El Mecanismo de Súper-Deducción

El principal instrumento de incentivo a la I+D de Brasil es la Ley N° 11.196/2005 (“Lei do Bem”). A diferencia del modelo híbrido de crédito/deducción de Chile, Brasil emplea un sistema de súper-deducción. Este mecanismo permite a las empresas deducir más del 100% de sus gastos de I+D de su base imponible.

El incentivo base permite una deducción del 160% de los gastos elegibles de I+D. Esto esencialmente protege una porción significativa de las ganancias de una empresa del Impuesto sobre la Renta de Personas Jurídicas (IRPJ) y la Contribución Social sobre el Beneficio Neto (CSLL), que en conjunto ascienden a una tasa legal de aproximadamente el 34%.

  • Deducción Base: 100% (Deducción contable estándar).
  • Exclusión Adicional: 60% (Incentivo).
  • Deducción Total: 160%.

La ley proporciona “impulsores” o bonificaciones que pueden aumentar esta tasa. Si una empresa aumenta su número de empleados de I+D hasta en un 5%, la deducción aumenta al 170%; un aumento de más del 5% la eleva al 180%. Además, si los resultados de I+D dan lugar a una patente concedida o a un cultivar registrado, la empresa recibe una deducción adicional del 20%, llevando la deducción total máxima al 200% del gasto.

3.2 Impacto y Limitaciones

A una tasa de impuesto corporativo del 34%, una deducción del 160% resulta en un subsidio neto de aproximadamente el 20.4% del gasto en I+D. Si bien esta tasa titular es inferior al ~52% de Chile, el sistema brasileño está diseñado para el volumen. Es ampliamente utilizado por grandes conglomerados industriales en los sectores automotriz, aeroespacial y agroindustrial. La definición de I+D en Brasil también se aplica con un enfoque industrial, apoyando mejoras de procesos que aumentan la competitividad en los mercados globales.

Sin embargo, Brasil comparte una debilidad crítica con Chile: la falta de reembolsabilidad. Los incentivos de la “Lei do Bem” se aplican solo a las empresas que operan bajo el régimen fiscal de “Lucro Real” (Ganancia Real) que tienen ganancias imponibles. En años de recesión —frecuentes en la volátil historia macroeconómica de Brasil— las inversiones en innovación disminuyen porque el escudo fiscal no ofrece valor a las empresas con pérdidas. No existe una disposición para arrastrar el crédito de súper-deducción no utilizado a años futuros, lo que hace que el incentivo sea estrictamente “usarlo o perderlo” dentro del año fiscal. Esto crea una dinámica de “parada y arranque” en la financiación de I+D que socava la continuidad requerida para los proyectos de investigación a largo plazo.

Además, Brasil emplea políticas específicas del sector que se superponen a la ley general de I+D. Por ejemplo, el sector automotriz se beneficia de regímenes específicos (como el anterior Rota 2030, ahora Mover) que integran obligaciones e incentivos de I+D, creando un enfoque de política industrial más gestionado en comparación con la postura neutral al sector de Chile.


4. Comparación Regional: Colombia y la Reforma Excluyente

Colombia ha experimentado recientemente reformas fiscales significativas que han alterado fundamentalmente su panorama de incentivos a la I+D, introduciendo una complejidad única con respecto a la interacción entre deducciones y créditos.

4.1 El Dilema de la Exclusión Mutua

Antes de las reformas recientes, las empresas colombianas a menudo podían combinar deducciones de I+D con otros beneficios. Sin embargo, el marco actual, solidificado por la Ley 2277 de 2022 y las regulaciones posteriores, establece un principio de exclusión mutua entre la deducción estándar del impuesto sobre la renta y el crédito fiscal de I+D.

Las empresas deben elegir entre dos beneficios mutuamente excluyentes para el mismo proyecto:

  1. Deducción Fiscal: Una deducción del 100% del gasto de I+D de la base imponible.
  2. Crédito Fiscal: Un crédito fiscal equivalente al 25% de la inversión para grandes empresas, o al 50% para Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPyMES).

Según el Artículo 256-1 del Estatuto Tributario, optar por el crédito fiscal significa que el gasto no puede deducirse como costo. Esto obliga a las empresas a realizar un análisis de punto de equilibrio para determinar qué opción produce una tasa impositiva efectiva más baja. Para las MiPyMES, la decisión es casi automáticamente matemática: un crédito fiscal directo del 50% es significativamente más valioso que una deducción del 100% (que, a una tasa de impuesto corporativo del 35%, vale solo el 35% del gasto). Para las grandes empresas, el crédito del 25% es menos atractivo que el valor del 35% de la deducción, lo que lleva a la mayoría de las grandes empresas a optar por la deducción estándar a menos que tengan atributos fiscales específicos que favorezcan los créditos.

4.2 La Ventaja de las MiPyMES: Reembolsabilidad

Donde Colombia supera drásticamente tanto a Chile como a Brasil es en su tratamiento de las MiPyMES. El crédito fiscal de I+D del 50% para MiPyMES actúa como un Crédito Fiscal Reembolsable. Si el monto del crédito excede la obligación del impuesto sobre la renta de la empresa, el exceso no se pierde. En su lugar, la empresa puede solicitar “Títulos de Devolución de Impuestos” (TIDIS).

Los TIDIS son valores libremente negociables que se pueden utilizar para pagar impuestos futuros o negociarse en el mercado secundario por efectivo. Este mecanismo convierte efectivamente el incentivo fiscal en una subvención en efectivo para las startups con pérdidas o bajos beneficios. Esta característica de diseño aborda directamente las restricciones de liquidez de la innovación en etapa inicial, cerrando el “valle de la muerte” que a menudo acaba con empresas prometedoras antes de que alcancen la rentabilidad. Al desvincular el beneficio de la posición fiscal actual de la empresa, Colombia proporciona un verdadero incentivo para la toma de riesgos, en lugar de solo una recompensa por la rentabilidad.


5. Comparación Regional: México y el Pivote del Nearshoring

La política de innovación de México ha cambiado de enfoque significativamente en los últimos años, alejándose de los créditos fiscales puros de I+D (como el anterior EFIDT) hacia incentivos basados en la inversión destinados a capturar la oportunidad del “nearshoring“.

5.1 El Decreto “Plan México” 2025

En enero de 2025, el gobierno mexicano publicó un Decreto Presidencial bajo el lema “Plan México”, con el objetivo de posicionar al país como un centro global para la fabricación y la logística. Este decreto introduce la depreciación acelerada (deducción inmediata) para los nuevos activos fijos adquiridos entre 2025 y 2030.

Las tasas de deducción inmediata son agresivas, oscilando entre el 56% y el 89% del valor del activo en el año de adquisición, dependiendo de la industria (p. ej., electromovilidad, semiconductores, aeroespacial, agroindustrial). Si bien este es principalmente un incentivo CAPEX (Gasto de Capital), el decreto incluye un componente específico para la innovación: una deducción fiscal adicional del 25% por gastos incrementales en capacitación de trabajadores e innovación tecnológica.

5.2 CAPEX vs. OPEX: Una Divergencia Estratégica

El enfoque de México representa una divergencia estratégica del modelo de Chile.

  • Chile: Subsidia el proceso de I+D (OPEX), centrándose en salarios, prototipos y experimentación intelectual.
  • México: Subsidia la infraestructura de producción (CAPEX), centrándose en maquinaria y equipo.

El modelo mexicano está diseñado para acelerar la adopción de tecnología en lugar de la creación de tecnología. Al incentivar la compra de maquinaria avanzada, México espera mejorar su base manufacturera para producir bienes de mayor valor. La deducción de innovación del 25% es un endulzante complementario, pero la palanca política central es la depreciación acelerada. Este enfoque es altamente efectivo para atraer Inversión Extranjera Directa (IED) que busca reubicar las cadenas de suministro de Asia a América del Norte, ya que mejora los modelos de flujo de efectivo para la instalación de nuevas fábricas. Sin embargo, puede ser menos efectivo para fomentar avances científicos autóctonos en comparación con el crédito centrado en I+D de Chile.

El cumplimiento sigue siendo un obstáculo. Los contribuyentes deben satisfacer requisitos estrictos, incluido el mantenimiento de registros específicos de los activos “nuevos” (que deben utilizarse por primera vez en México) y la obtención de la autorización de un Comité de Evaluación. El decreto también establece un límite de incentivo total de MXN 30 mil millones (aproximadamente USD 1.5 mil millones), creando una dinámica de “el primero en llegar es el primero en ser atendido” que puede favorecer a las grandes corporaciones multinacionales organizadas sobre las empresas nacionales más pequeñas.


6. Comparación Regional: Argentina y la Economía del Conocimiento

Argentina enfrenta un conjunto distinto de desafíos macroeconómicos —alta inflación, controles de divisas y un tipo de cambio volátil— lo que requiere una estructura de incentivos única centrada en las exportaciones y la estabilidad fiscal.

6.1 La Ley de la Economía del Conocimiento

El instrumento principal de Argentina no es un crédito fiscal genérico de I+D, sino un régimen integral establecido por la “Ley de la Economía del Conocimiento” (Ley 27.506 y modificaciones). Este régimen se dirige a sectores específicos, incluidos el desarrollo de software, la biotecnología, la nanotecnología, el sector aeroespacial y la producción audiovisual.

Los beneficios son estructurales más que transaccionales:

  1. Tasa Reducida de CIT: Los beneficiarios disfrutan de una tasa de Impuesto sobre la Renta de Sociedades reducida del 15%, significativamente inferior a las tasas corporativas estándar que pueden alcanzar el 35%.
  2. Reducción del Costo Laboral: Las empresas reciben un bono de crédito fiscal equivalente hasta el 70% de las contribuciones a la seguridad social del empleador. En un entorno de alta inflación donde los impuestos sobre los salarios son una carga significativa, esto reduce directamente el costo de emplear talento altamente cualificado.
  3. Estabilidad Fiscal: Quizás el activo más valioso en Argentina es la garantía de “estabilidad fiscal”. A las empresas admitidas en el régimen se les promete que su carga fiscal federal total no aumentará durante 10 años. Esto protege a las empresas innovadoras de las frecuentes subidas de impuestos y gravámenes de emergencia que caracterizan la política fiscal argentina.

6.2 Orientación a la Exportación

Para calificar para estos beneficios, las empresas deben demostrar que al menos el 70% de sus ingresos se derivan de las actividades promovidas basadas en el conocimiento. Además, existen requisitos relacionados con las exportaciones. Esto hace que el modelo argentino esté explícitamente orientado a la exportación. El objetivo es generar exportaciones de servicios en moneda fuerte (USD) para estabilizar la balanza de pagos del país. Esto contrasta con el modelo de Chile, que apoya la I+D independientemente de si el resultado es para la eficiencia doméstica (p. ej., procesos mineros) o la exportación internacional. Las historias de éxito argentinas —”unicornios” como MercadoLibre y Globant— son testimonios de la eficacia de esta política para fomentar un sector de servicios de software globalmente competitivo, incluso en medio de una agitación económica más amplia.


7. Síntesis Comparativa: Eficacia y Compensaciones Estructurales

Para sintetizar las fortalezas y debilidades relativas de estos regímenes, podemos analizarlos a través de dimensiones clave del diseño de políticas: generosidad, accesibilidad y orientación estratégica.

Tabla 1: Estructura Comparativa de los Mecanismos

Característica Chile (Ley 20.241) Brasil (Lei do Bem) Colombia (Art 256/256-1) México (Plan México 2025) Argentina (Econ. del Conocimiento)
Instrumento Principal Híbrido: 35% Crédito + 65% Deducción Súper-deducción (160-200%) Opción: 25-50% Crédito O 100% Deducción Depreciación Acelerada + 25% Deducción Incremental Tasa CIT Reducida (15%) + Recortes Impuesto Laboral
Generosidad (Aprox.) ~52.55% del gasto ~20-27% del gasto 50% (MiPyMES) / 25-30% (Grandes) Varía por clase de activo Varía (Impulsado por la reducción de la tasa)
Arrastre (Carry-Forward) No (Crédito) / Sí (Pérdida por Deducción) No Sí (Modalidad de Crédito) N/A Garantía de Estabilidad
Reembolsabilidad (Refundability) No No Sí (Solo para MiPyMES vía TIDIS) No Bonos no transferibles
Beneficiario Objetivo Amplio (Minería, Agro, Tecnología) Industrial y TI MiPyMES favorecidas Manufactura/Nearshoring Exportadores de Software/Servicios
Horizonte de Estabilidad Extendido hasta 2035 Indefinido Sujeto a reforma frecuente Hasta 2030 Hasta 2029

7.1 La Compensación entre Generosidad y Liquidez

Chile ofrece la tasa de subsidio efectiva más alta para empresas con fines de lucro (~52.55%), lo que la convierte en la jurisdicción más generosa para corporaciones establecidas con obligaciones fiscales. Sin embargo, Colombia ofrece un diseño superior para la innovación en etapa inicial a través de su mecanismo de reembolsabilidad (TIDIS). Un subsidio teórico del 52% en Chile vale cero para una startup sin ganancias, mientras que un crédito reembolsable del 50% en Colombia vale efectivo. Esta diferencia estructural explica por qué Colombia puede estar mejor posicionada para fomentar un ecosistema de startups de base, mientras que Chile sigue optimizado para la I+D corporativa en minería y silvicultura.

7.2 La Definición de Innovación

Argentina y México emplean definiciones de innovación más amplias y más industriales en comparación con la estricta adhesión de Chile al Manual de Frascati. La inclusión de Argentina del desarrollo de software y los servicios profesionales bajo el paraguas de la “Economía del Conocimiento” le permite apoyar la innovación de modelos de negocio y la transformación digital, áreas a menudo excluidas por las estrictas definiciones de “I+D científica”. El riguroso proceso de certificación de Chile a través de CORFO garantiza altos estándares técnicos, pero puede excluir la valiosa innovación incremental o el desarrollo de software que carece de “incertidumbre científica”.

7.3 Gobernanza y Estabilidad

Chile lidera la región en certeza jurídica. La extensión de la Ley 20.241 hasta 2035 proporciona un horizonte de planificación inigualable. El incentivo de Brasil es permanente, pero está sujeto a los caprichos del requisito de “Lucro Real”. El código tributario de Colombia se reforma con frecuencia, creando incertidumbre sobre la longevidad de la regla de exclusión mutua. Argentina ofrece garantías de estabilidad, pero la macro-volatilidad subyacente erosiona la confianza. El decreto de México es temporal (hasta 2030), vinculado específicamente a la estrategia “Plan México” de la administración actual.


8. Prosperidad a Través de la Política: Implicaciones para Chile

La consulta plantea una pregunta fundamental: ¿Cómo ayuda el hecho de tener incentivos de I+D a prosperar a Chile? Para responder a esto, debemos analizar el costo contrafactual de su ausencia y las posibles vías para optimizar el sistema actual.

8.1 El Contrafactual: Chile Sin Incentivos

Si Chile derogara la Ley 20.241, las consecuencias económicas probablemente serían graves, consolidando al país en la trampa del ingreso medio.

  1. Choque del Costo de Capital: Sin el incentivo, el costo privado para el usuario del capital de I+D aumentaría aproximadamente entre un 30% y un 50%. En sectores intensivos en capital como la minería, donde los proyectos de I+D (p. ej., transporte impulsado por hidrógeno, eficiencia de desalinización de agua) compiten con otras prioridades de CAPEX, este aumento probablemente haría que muchos proyectos de innovación tuvieran un VAN (Valor Actual Neto) negativo.
  2. Estancamiento de la Productividad: Las evaluaciones de impacto indican que, si bien los incentivos aún no han transformado a Chile en un exportador de alta tecnología, han impactado positivamente la “innovación de procesos”. Eliminarlos probablemente causaría que la Productividad Total de los Factores (PTF) se estanque o disminuya, ya que las empresas volverían a modelos operativos puramente extractivos sin invertir en ganancias de eficiencia.
  3. Competitividad Regional: Las corporaciones multinacionales (CMN) globales consideran el “Índice B” (una medida de la generosidad fiscal) al ubicar centros de I+D. Sin el crédito del 35%, Chile sería significativamente menos atractivo que Colombia (con su crédito del 50%) o Brasil (con su mercado masivo y súper-deducción). Chile correría el riesgo de perder su estatus como sede regional para la ingeniería y la innovación.

8.2 Caminos hacia la Prosperidad: Optimización del Modelo Chileno

Para que Chile prospere verdaderamente —definido como la diversificación de su canasta de exportación, el aumento de la PTF y la creación de empleo de alta calidad— el sistema de incentivos fiscales debe evolucionar de un beneficio pasivo a una palanca estratégica. Basándose en los puntos de referencia regionales, surgen tres optimizaciones clave:

A. Resolver la Trampa de Liquidez (La Lección Colombiana):

Chile debe abordar el “valle de la muerte” para las startups. El sistema actual recompensa la rentabilidad, no la innovación. Adoptar un modelo de crédito fiscal reembolsable para MiPyMES certificadas —similar a los TIDIS de Colombia— transformaría el incentivo de un escudo fiscal a una fuente de capital no dilutivo. Esto empoderaría a las startups de tecnología profunda en biotecnología y tecnología verde, que a menudo operan con pérdidas durante años antes de la comercialización, para invertir agresivamente en I+D sin esperar ganancias.

B. Ampliar el Alcance (La Lección Argentina):

Para fomentar una economía digital, Chile debería considerar ampliar la definición de actividades elegibles más allá de los estrictos límites científicos del Manual de Frascati. Incorporar los gastos de “innovación tecnológica” (como distinto de I+D) y de “transformación digital” —específicamente para servicios orientados a la exportación— alinearía el código tributario con la realidad de la economía del conocimiento moderna, donde el valor a menudo se crea a través de la iteración de software y la ingeniería de procesos de negocio en lugar de avances de laboratorio.

C. Reducir la Fricción Administrativa:

El hecho de que casi USD 250 millones en beneficios queden sin reclamar anualmente es una señal de fallo en la implementación. Simplificar el proceso de certificación de CORFO —quizás pasando a un sistema escalonado donde las reclamaciones más pequeñas (< USD 50k) estén sujetas a una verificación ex-post simplificada en lugar de una rigurosa certificación ex-ante— aumentaría drásticamente la captación entre las MiPyMES. Esto democratizaría el acceso a la innovación, moviéndola más allá del dominio exclusivo de los grandes conglomerados mineros y forestales.


9. Conclusión

Chile posee la estructura de incentivos fiscales de I+D más estable legalmente y más sólida matemáticamente de América Latina. La extensión de la Ley 20.241 hasta 2035 es una encomiable decisión política que proporciona una década de certeza, un activo raro y valioso en la región. El subsidio efectivo del 52.55% sitúa a Chile en una posición competitiva a nivel mundial, fomentando teóricamente una inversión privada significativa.

Sin embargo, el análisis comparativo revela que la estabilidad por sí sola es insuficiente para la prosperidad.

  • Brasil demuestra el poder de la escala y la simplicidad para las empresas industriales establecidas.
  • Colombia ilustra la importancia vital de la liquidez y la reembolsabilidad para el ecosistema de startups.
  • México muestra cómo los incentivos se pueden dirigir para acelerar la formación de capital y la infraestructura de fabricación.
  • Argentina destaca la eficacia de apuntar a los costos laborales y las exportaciones de servicios.

Para que Chile aproveche al máximo sus incentivos para la prosperidad, debe abordar la “paradoja de la utilización”. Los incentivos existen, pero están supeditados a la complejidad administrativa y la falta de mecanismos de liquidez para las empresas jóvenes. Al introducir la reembolsabilidad para las MiPyMES y simplificar la certificación, Chile podría liberar el capital “latente” que actualmente queda sobre la mesa. Esta inyección de recursos en el ecosistema de innovación es el eslabón perdido necesario para elevar la inversión en I+D del estancado 0.4% al objetivo del 1% del PIB. Solo haciendo que la innovación sea accesible, líquida y de base amplia, Chile puede impulsar la diversificación estructural necesaria para escapar de la trampa del ingreso medio y asegurar un futuro económico próspero y resiliente.